Emaús. Domingo XXV del Tiempo Ordinario (C)

Emaús era una aldea cercana a Jerusalén en la que dos discípulos tuvieron la experiencia de encontrarse con el Señor resucitado al meditar las Escrituras y al partir el Pan (Lucas 24,13-35). Es la misma experiencia que nosotros queremos tener en cada una de nuestras reuniones dominicales. Emaús es una hoja impresa que usamos en las celebraciones dominicales y festivas en nuestras tres parroquias. Aquí la tienes también accesible para ti, si no puedes, por algún motivo, acudir a la iglesia.

Escucha la Palabra

Primera lectura (Amós 8,4-7)

El texto del profeta Amós es una denuncia contra este mundo injusto en el que unos —los ricos— exprimen a los pobres y los despojan de lo que necesitan para vivir. Dios se pone de parte del pobre y denuncia esa injusticia estructural.

EESCUCHAD esto, los que pisoteáis, al pobre y elimináis a los humildes del país, diciendo: «Cuándo pasará la luna nueva, para vender el grano, y el sábado, para abrir los sacos de cereal —reduciendo el peso y aumentando el precio, y modificando las balanzas con engaño— para comprar al indigente por plata y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano?».
El Señor lo ha jurado por la Gloria de Jacob: «No olvidaré jamás ninguna de sus acciones».

Salmo responsorial (Salmo 50)

AALABAD AL SEÑOR, QUE ALZA AL POBRE

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que habita en las alturas
y se abaja para mirar al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo.

Segunda lectura (1 Timoteo 2,1-8)

Siguiendo con el tema, Pablo se pide que se hagan oraciones por los que detentan el poder —que lleva anejo también el dinero— para que no triunfe nunca la fuerza, la agresión, la represión y la injusticia de unos hacia otros.

QUERIDO hermano:
Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar una vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto.
Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos; este es un testimonio dado a su debido tiempo y para el que fui constituido heraldo y apóstol —digo la verdad, no miento—, maestro de las naciones en la fe y en la verdad.
Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, alzando unas manos limpias, sin ira ni divisiones.

Evangelio (Lucas 16,1-3)

Para Lucas, todo dinero es injusto. Ahora bien: si uno lo usa —desprendiéndose de él— para «ganarse amigos», hace una buena inversión no en términos bursátiles, ni bancarios, sino en términos humanos y cristianos. El uso que hace del dinero es la prueba para definir la disponibilidad del discípulo a poner al servicio de los demás lo que de hecho no es suyo, sino posesión de todos.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”. El administrador se puso a decir para sí: “¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?”. Este respondió: “Cien barriles de aceite”. Él le dijo: “Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”. Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”. Él contestó: “Cien fanegas de trigo”. Le dice: “Toma tu recibo y escribe ochenta”. Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

Vive la Palabra

Dinero

La sociedad que conoció Jesús era muy diferente a la nuestra. Sólo las familias poderosas de Jerusalén y los grandes terratenientes de Tiberíades podían acumular monedas de oro y plata. Los campesinos apenas podían hacerse con alguna moneda de bronce o cobre, de escaso valor. Muchos vivían sin dinero, intercambiándose productos en un régimen de pura subsistencia.
En esta sociedad, Jesús habla del dinero con una frecuencia sorprendente. Sin tierras ni trabajo fijo, su vida itinerante de profeta dedicado a la causa de Dios le permite hablar con total libertad. Por otra parte, su amor a los pobres y su pasión por la justicia de Dios lo urgen a defender siempre a los más excluidos.
Habla del dinero con un lenguaje muy personal. Lo llama espontáneamente «dinero injusto» o «riquezas injustas». Al parecer, no conoce «dinero limpio». La riqueza de aquellos poderosos es injusta porque ha sido amasada de manera injusta y porque la disfrutan sin compartirla con los pobres y hambrientos.
¿Qué pueden hacer quienes poseen estas riquezas injustas? Lucas ha conservado unas palabras curiosas de Jesús. Aunque la frase puede resultar algo oscura por su concisión, su contenido no ha de caer en el olvido. «Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas».
Jesús viene a decir así a los ricos: «Emplead vuestra riqueza injusta en ayudar a los pobres; ganaos su amistad compartiendo con ellos vuestros bienes. Ellos serán vuestros amigos y, cuando en la hora de la muerte el dinero no os sirva ya de nada, ellos os acogerán en la casa del Padre». Dicho con otras palabras: la mejor forma de «blanquear» el dinero injusto ante Dios es compartirlo con sus hijos más pobres.
Sus palabras no fueron bien acogidas. Lucas nos dice que «estaban oyendo estas cosas unos fariseos, amantes de las riquezas, y se burlaban de él». No entienden el mensaje de Jesús. No les interesa oírle hablar de dinero. A ellos sólo les preocupa conocer y cumplir fielmente la ley. La riqueza la consideran como un signo de que Dios bendice su vida.
Aunque venga reforzada por una larga tradición bíblica, esta visión de la riqueza como signo de bendición no es evangélica. Hay que decirlo en voz alta porque hay personas ricas que de manera casi espontánea  piensan que su éxito económico y su prosperidad es el mejor signo de que Dios aprueba su vida. Un seguidor de Jesús no puede hacer cualquier cosa con el dinero: hay un modo de ganar dinero, de gastarlo y de disfrutarlo que es injusto, pues olvida a los hijos predilectos de Dios.

Ora con la comunidad

Señor Jesús,
tú que siendo rico te hiciste pobre
para enriquecernos con tu pobreza,
enséñanos que no podemos servir a Dios y al dinero;
enséñanos a usar las riquezas de la tierra
para favorecer a los hermanos,
de modo que un día seamos recibidos
en las moradas eternas.
Tú vives y reinas con el Padre
en la unidad del Espíritu Santo
y eres Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

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1 comentario en “Emaús. Domingo XXV del Tiempo Ordinario (C)”

  1. Nunca estamos conformes con lo que tenemos,todos queremos mas ,pero es que lo necesitamos?;No,seguro que no ,pero asi no vamos a ser felices nunca porque buscamos lo material ,lo mundano.
    Dios nos muestra otras necesidades .
    Nos muestra la necesidad de interceder por el necesitado y el que lo pasa mal por diversos motivos,pero nosotros queremos dinero porque creemos que nos hace fuertes y superiores .
    Vemos al dinero como grande ,pero no podemos estar al servicio del dinero porque entonces no podemos estar al servicio de DIOS.
    Es verdad que los que los que tenemos trabajo y salimos adelante no sin difilcultad ,pero tenemos esa gran suerte en los dias que andan tenemos la OBLIGACIONde compartir con los menos afortunados en este aspecto ,porque en otros pueden ser muchisimo mas afortunados que nosotros .Y. A los que tienen grandes riquezas que nó es malo creo yó,siempre que que pusieran al servicio de las personas necesitadas ,haciendo fabricas,dando trabajo ,para las personas conserven su dignidad.
    Cuanto hay por hacer ,y cuanta necesidad hay en el mundo,cuanto sufrimiento y dolor .
    Pero tambien hay personas buenas dispuestas a ayudar y dar AMOR,y esforzarse y sacrificarse por los demas.
    Y lo mas importante el AMOR de DIOS y de su hijo JESUCRISTO que nos dà fuerzas y son nuestra esperanza.
    Ruega por nosotros SANTA MADRE DE DIOS para que seamos dignos de alcanzar las promesas de NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO . AMEN

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