Emaús. Domingo XXXI del Tiempo Ordinario (C)

Emaús era una aldea cercana a Jerusalén en la que dos discípulos tuvieron la experiencia de encontrarse con el Señor resucitado al meditar las Escrituras y al partir el Pan (Lucas 24,13-35). Es la misma experiencia que nosotros queremos tener en cada una de nuestras reuniones dominicales. Emaús es una hoja impresa que usamos en las celebraciones dominicales y festivas en nuestras tres parroquias. Aquí la tienes también accesible para ti, si no puedes, por algún motivo, acudir a la iglesia.

Escucha la Palabra

Primera lectura (Sabiduría 11,22-12,2)

Dios nos perdona y nos mantiene. Hemos sido creados por él y jamás nos abandona. No es el Dios inmutable de la filosofía, es un Dios lleno de amor y providente con sus criaturas.

SEÑOR el mundo entero es ante ti como un grano en la balanza, como gota de rocío mañanero sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo habrías creado. ¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?, o ¿cómo se conservaría, si tú no lo hubieras llamado? Pero tú eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Señor, amigo de la vida. Pues tu soplo incorruptible está en todas ellas. Por eso corriges poco a poco a los que caen, los reprendes y les recuerdas su pecado, para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor.

Salmo responsorial (Salmo 144)

BBENDECIRÉ TU NOMBRE POR SIEMPRE JAMÁS,
DIOS MÍO, MI REY.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Segunda lectura (2 Tesalonicenses 1,11-2,2)

Comenzamos hoy la lectura continuada de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses, que leeremos hasta el final del año litúrgico, hasta la llegada del Adviento.

HERMANOS:
Oramos continuamente por vosotros, para que nuestro Dios os haga dignos de la vocación y con su poder lleve a término todo propósito de hacer el bien y la tarea de la fe. De este modo, el nombre de nuestro Señor Jesús será glorificado en vosotros y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.
A propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por alguna revelación, rumor o supuesta carta nuestra, como si el día del Señor estuviera encima.

Evangelio (Lucas 19,1-10)

La historia de Zaqueo, un pecador público, un recaudador de impuestos, que explotaba al pueblo y que abandonó todos sus excesos cuando se encontró la mirada de Jesús. Hay continuidad con el evangelio del domingo pasado, cuando el Señor comparaba la soberbia del fariseo con la humildad y arrepentimiento del publicano.

EN aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo:  «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:  «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Vive la Palabra

¿Ha entrado también la salvación a tu casa?

La misión de Jesús consistía en «buscar lo perdido para salvarlo». «Lo perdido», en este caso, era Zaqueo cuyo nombre, derivado del hebreo «zacah», significa puro, íntegro, justo. Ironías de la vida, pues nadie lo consideraba como tal. Zaqueo era jefe de recaudadores, judío colaboracionista con los romanos; cobraba impuestos que Roma destinaba, al parecer, al fomento del culto a los ídolos. Los recaudadores, además, tenían merecida fama de ladrones, pues cobraban, por lo general, más de lo que estaba tasado, enriqueciéndose de este modo.
El hecho de que Zaqueo fuese considerado pecador, por ladrón y colaboracionista, no impidió a Jesús entrar en su casa a comer con él. En el transcurso de aquel encuentro, Zaqueo sintió deseos de cambiar: se comprometió a dar la mitad de sus bienes a los pobres (el máximo de la espontánea limosna estaba fijado por los rabinos en el quinto de las posesiones), y a devolver el cuádruplo de lo robado (cuando el libro del Levítico prescribía sólo la obligación de devolver un 20% más). Zaqueo se comprometió mucho más de lo que las leyes exigían.
Todo un ejemplo para nosotros, a quienes también busca Jesús como ovejas perdidas, y que tenemos que dar frutos significativos de conversión. Y es que el encuentro con Jesús no empuja no sólo a cumplir la ley sino que cambia nuestros corazones y da un vuelco a nuestras vidas. ¿Pude decirse también que hoy ha entrado la salvación a tu casa?

Ora con la comunidad

Dios de misericordia,
que te compadeces de todos
y cierras los ojos a nuestros pecados;
concédenos tu gracia,
para que, alejados del egoísmo,
practiquemos la caridad fraterna.
Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
Amén.

 

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1 comentario en “Emaús. Domingo XXXI del Tiempo Ordinario (C)”

  1. Dios mio ,hazme fuerte para saber arrepentirme de mis egoismos ,quiero que permitas que elESPIRITU SANTO me ilumine para hacer lo correcto con mis hermanos .

    Te doy gracias porque soy mucho mas consciente de las necesidades de los demas y las mil maneras de ayudar.
    Hoy me interesa mucho mas lo que puedo ofrecer que lo que puedo tener y eso me lo has enseñado tú.
    Tengo mucho del fariseo y tambien del publicano.
    Ayudame a que mi fe siga creciendo y mi amor por tí.
    Gracias padre .

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