De la tarde del viernes 9 de marzo a la tarde del sábado 10 de marzo. En el Salón Parroquial de La Encarnación. Ora por ti; pide perdón de tus faltas y reconcíliate con el Señor; intercede ante él pos los demás.

¿Qué puedes hacer?

Puedes unirte a los otros fieles que se reúnen para la oración y la reflexión:

  • Acercándote al Salón Parroquial de La Encarnación un rato y estando en la presencia del Señor. Puedes usar los textos que te proponemos en las páginas siguientes. Ya sabes: en el cartel están los horarios en los que estará abierto el Salón y expuesto el Santísimo Sacramento.
  • Acercándote al sacramento de la penitencia. Aunque en cada parroquia hemos tenido o tendremos una celebración comunitaria del sacramento de la reconciliación, tú puedes acudir al sacerdote en este fin de semana de modo privado. Aunque estés tú solo, hazte consciente de que muchos cristianos estos dos días lo están haciendo como tú. Siéntete parte de la Iglesia, que quiere estar siempre en camino de conversión y recibir continuamente la misericordia del Padre, para poder después distribuirla al mundo.
  • Participando en los momentos de oración comunitaria: el viernes a las 17.45 horas, el viacrucis; y a las 20.30, vigilia de oración.

Si eres anciano o estás enfermo, no pienses que no puedes hacer nada. Tú también puedes, desde tu casa, ser parte de estas 24 horas para el Señor:

  • Ora al Señor pidiendo por tu familia, por las personas que te cuidan o te acompañan.
  • Pídele por los que están solos y por los que están enfermos y no pueden salir de casa como tú.
  • Lee el Evangelio y pide al Señor que te ayude a sentirte parte de la comunicad parroquial, aunque no puedas asistir a los actos comunitarios.
  • Siente que tu dolor o tu soledad pueden unirse a los de Cristo, que en su pasión nos dejó un ejemplo a seguir.

Así puedes orar

1. Ponte en la presencia del Señor

Me pongo con humildad ante ti, Señor Jesús.
Haz que abandone todo temor.
Estoy ante ti, necesitado de misericordia, de perdón, de ternura, de amor.
Pido a tu Espíritu que purifique mi corazón y abra mi mente a tu Palabra.
Señor Jesús, eres la imagen de Dios invisible, irradiación de su gloria,
tú nos revelas la misericordia de tu Padre.
Toda tu vida fue un continuo acercarte a los pobres, a los débiles en el cuerpo y en el espíritu.
Lo hiciste con gestos de bondad, de piedad, de dulzura.
Te conmoviste ante las necesidades de muchos hombres y mujeres.
También nosotros experimentamos momentos de debilidad
y, en ellos, tú manifiestas la fuerza y la grandeza de tu misericordia.
La misericordia como don del amor del Padre que tú nos has trasmitido.
Por esta revelación tuya, Señor, te alabamos y te glorificamos.
Para mí eres también hoy la Buena Noticia,
porque eres memoria viva del inmenso amor con el que Dios nos ha amado
y nos ha mostrado la riqueza de su misericordia.

(Permanece un rato en silencio expresando al Señor tu fe y el gozo de ser acogido por él)

2. Escucha la Palabra

Señor Jesús, ahora quiero escuchar palabras en las que se me muestra el rostro misericordioso del Padre.

Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo –estáis salvados por pura gracia–; nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros (Efesios 2,4-7).

3. Ora con la Palabra

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa  y te colma de gracia y de ternura.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen (Salmo 103).

4. Saluda a la Virgen con una salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas
de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

5. Usa los materiales del folleto diocesano de la Cuaresma, El juego de la roca

Si tienes el folleto con los materiales para la Cuaresma ofrecido por la Vicaría de Evangelización, puedes usarlo, para tu oración personal.