El domingo 24 de marzo, las tres parroquias de Bailen, después de haber realizado durante cuatro semanas todos los actos previstos para la Misión Parroquial, celebraron en Jaén una Asamblea-Convivencia interparroquial a la que asistieron 180 personas y los dos párrocos de la ciudad.

La Misión en Bailén

Tras la recepción de la Cruz de la Misión en Bailén, en las tres parroquias, los días 14 y 15 de enero, comenzó la preparación de la Misión con la formación de Visitadores, Anfitriones y Misioneros que se prolongó durante tres semanas, a partir de las cuales se sucedieron dos semanas de visitas domiciliarias para informar y para invitar a todo el pueblo a participar en las actividades que se iban a desarrollar. 141 personas se encargaron de realizar esta tarea de animación.

Fruto de ella y de la generosidad de Anfitriones y del buen hacer de Misioneros y Catequistas, se organizaron más de 60 asambleas. La mayoría de ellas se desarrollaron en casas particulares, pero algunas tuvieron lugar en otros lugares, como los salones parroquiales (con padres de os niños de catequesis), los espacios del Colegio Sagrado Corazón, las ermitas, las casas de hermandad de las cofradías, y alguna sede de asociación de vecinos.

La Asamblea Interparroquial

Tal y como prevé el plan diocesano de la Misión, las asambleas en las casas darían pie a la celebración de una Asamblea Parroquial. En este caso, ha sido interparroquial. En ella, 180 personas de todas las edades se desplazaron a Jaén en autobuses y en coches particulares.

La mañana en el Seminario Diocesano

La mañana de la jornada se desarrolló en el Seminario Diocesano. Comenzó con un una amena charla de D. Luis María Salazar, párroco de San Félix de Valois de Jaén, profesor del Seminario y doctor en teología, que, de manera amena y pedagógica, nos hablo de cómo debería ser una parroquia para la nueva evangelización.

Empezó el ponente hablando, al hilo de la enseñanza del papa Francisco, de la parroquia como realidad no caduca, sino necesaria y en necesaria transformación, y fue explicando los diversos modelos de parroquia que se han sucedido a lo largo de los últimos tiempos, para aterrizar en el que estamos creando y llamados a crear: la parroquia iniciático-evangelizadora, que se preocupa fundamentalmente no de atender a los cristianos ya “hechos”, sino de “hacer” cristianos.

Después, utilizando la tradicional imagen de la Iglesia como la barca de Pedro, nos ayudó a dilucidar qué tipo de barco es y debe ser la Iglesia: ¿un ferry que traslada a la gente de un lado para otro, pero en la que nadie tiene asiento? ¿un carguero que se encarga de transportar un pesado depósito? ¿un crucero en el que las personas se lo pasan bien? ¿un barco de guerra? ¿un barco de pesca, que saca a los peces del mar (del mundo) para darles la vida de Jesucristo, y en el que no solo el patrón, sino los pescadores son protagonistas?

La tercera parte de la ponencia nos ayudó a entender la necesidad de pasar de un modelo estático de parroquia (utilizó la imagen del pastillero, que tiene compartimentos estancos), formada por diversos grupos de “trabajo” en los que prima el hacer y con poco comunicación entre ellos a veces, a un modelo dinámico (explicado con la imagen del árbol) en el que prima la común vinculación de todos los parroquianos a una raíz y tronco comunes (la vinculación con Cristo y la experiencia comunitaria) sobre la diversidad de tareas que después lógicamente de desarrollan.

Finalmente Luis María desgranó los cuatro elementos necesarios para un cristianismo maduro: el kerigma, la liturgia, la comunión y el servicio.

Tras la charla hubo un momento de oración en la capilla mayor del Seminario y después un breve descanso con café y pastas, servido en la galería baja.

Terminado el café, se pasó a la reflexión y diálogo en grupos. Los asistentes se reunieron en las aulas para reflexionar a partir de la charla y de un cuestionario previamente ofrecido; y compartieron la experiencia que ha supuesto para ellos (unos como Misioneros o Anfitriones y otros como participantes) el formar parte de las asambleas familiares. Hubo 6 grupos de adultos y jóvenes, y uno de niños, que trabajó el mismo tema que los adultos con materiales adaptados.

Concluyó la mañana con la comida compartida en las galerías inferiores. Como siempre suele ocurrir en estos casos, el deseo de compartir hizo que se multiplicaran no solo los panes y los peces sino todo tipo de platos salados y dulces, y aún sobró para saciar a otra multitud.

La tarde en la Catedral

La tarde la pasamos entera en la Catedral. A las cuatro de la tarde había cinco guías esperándonos para dar a conocer con más profundidad la grandeza y los secretos del templo madre de la Diócesis y para mostrarnos sus maravillas. Por más de hora y media se prolongó la visita del templo catedralicio, sus galerías altas y el museo.

A las seis, los cristianos de Bailén celebraron, junto con los fieles locales, la eucaristía del Domingo III del Cuaresma, presidida por Juan Ignacio Damas. El párroco de Bailén habló en su homilía de la doble faceta del Dios que Jesús nos presenta en el fragmento del Evangelio proclamado: un Dios exigente (que quiere sacar lo mejor de nosotros mismos) y paciente (que con misericordia espera por nosotros cuando no somos capaces de ser fieles). Y especificó en qué consiste la exigencia de Dios: quiere que demos fruto de buenas obras. Explicó que a ese Dios y a este Jesús que nos habla de su Padre los hemos conocido porque mucha gente antes que nosotros hizo, de generación en generación, de grano de trigo que se entierra y que florece en nuevas espigas; y recordó que esta celebración en la catedral, ante la presencia de la venerada y antigua reliquia del santo rostro, nos recuerda que cada uno de los presentes tiene el encargo, del mismo Jesús, de ser un grano que se transforme en una espiga: no se acaba la Misión, porque la misión de llevar el Evangelio a quienes tenemos a nuestro alrededor continúa, nos dura toda la vida.

Terminada la celebración eucarística, uno a uno, los fieles congregados se acercaron a venerar la sagrada reliquia de la que la Santa Iglesia Catedral es relicario.

La celebración del perdón

El próximo fin de semana, viernes 29 y sábado 30 de marzo, formando parte de todo el plan de la Misión Parroquial, tendrá lugar la celebración del perdón en el marco de las 24 horas para el Señor, que tendrán su sede en el centro parroquial de La Encarnación.

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