El próximo viernes, 2 de febrero, celebramos las fiesta litúrgica de la Presentación del Señor. Una fiesta en la que los niños y los ancianos tienen una presencia especial. ¡Participa!

Nos cuenta el evangelio de San Lucas que, a los cuarenta días de su nacimiento, el niño Jesús fue llevado al templo por sus padres y aclamado allí como Luz que ilumina a todos los hombres.

La fiesta de la Presentación es una de las fiestas más antiguas del cristianismo. El “Itinerario” de Egeria (una peregrina gallega que fue a Tierra Santa a finales del siglo IV) nos habla de esta fiesta, que entonces se celebraba no el 2, sino el 14 de febrero, es decir 40 días después de la Epifanía. En el siglo V se empezaron a usar las veladoras o candelas para subrayar las palabras del Cántico de Simeón, “Luz para alumbrar a las naciones”, y darle mayor colorido a la celebración.

A esta fiesta se le llamó también de la Purificación de María, recordando la prescripción de Moisés, que leemos en levítico 12,1-8. Con la reforma del Concilio Vaticano II se le cambió de nombre, poniendo al centro del acontecimiento al Niño Dios, que es presentado al Templo, conforme a la prescripción que leemos en Ex 13,1-12. Naturalmente, con el cambio del nombre se quiso borrar la presencia de María, sino ponerla en segundo lugar, después del Señor. El Evangelio de San Lucas (2,22-38) funde dos prescripciones legales distintas, ya citadas arriba, que se refieren a la purificación de la Madre y a la consagración del primogénito.

En esta celebración la Iglesia da mayor realce al ofrecimiento que María y José hacen de Jesús. Ellos reconocen que este niño es propiedad de Dios y salvación para todos los pueblos.

La presencia profética de Simeón y Ana es ejemplo de vida consagrada a Dios y de anuncio del misterio de salvación. Por eso los religiosos y religiosas y también los ancianos celebran este día de modo especial.

La bendición de las velas es un símbolo de la luz de Cristo que los asistentes se llevan consigo. Prender estas velas en algunos momentos particulares de la vida, no tiene que interpretarse como un fenómeno mágico, sino como un ponerse simbólicamente ante la luz de Cristo que disipa las tinieblas del pecado y de la muerte. Y esta fiesta de la Presentación de Jesús se llamó popularmente fiesta de la Candelaria o fiesta de la luz.

En muchas comunidades hay costumbre de bendecir tortas o roscas al final de la misa y repartirlas a los fieles que asisten a la fiesta.

Desde antiguo, las familias cristianas se acostumbraron a presentar en la iglesia a sus hijos este día, como María presentó a Jesús. Las comunidades parroquiales invitan a todos los esposos cristianos que tienen niños pequeños a que los traigan ese día a la iglesia, para presentarlos al Señor e invocar sobre ellos su bendición. Y de manera especial os invitamos a las familias que habéis bautizado a vuestros hijos durante el año que pasó.
También están invitados los niños de catequesis. Y los ancianos a celebrar su fiesta.