En su última carta pastoral, D. Amadeo, nuestro Obispo, nos alienta en el camino cuaresmal y nos anima a participar en la 24 horas para el Señor y en la culminación de la Cuaresma, que es la Vigilia Pascual.

 

Queridos diocesanos:

 

Dados los primeros pasos en la Cuaresma, os recuerdo, una vez más, que es una etapa del camino de la fe que siempre trae mucha novedad. Por eso os digo que no pretendáis conocer lo que nos va a suceder en estos cuarenta días, porque no es posible, aunque hayamos sido fieles en el recorrido de otros años. La Cuaresma no es una buena costumbre que ya conocemos casi de memoria. Es verdad que nos vamos a encontrar con las mismas palabras, los mismos ritos, idénticas oraciones de otros años, pero la ruta de la fe es siempre sorprendente y nueva, porque nuevo es el paso de la gracia del Señor por nuestra vida.

 

En medio de las situaciones de la vida
Se trata de un camino que hemos de hacer en nuestra vida diaria.  Es en medio de las situaciones cotidianas donde hemos de dejar que la gracia trabaje nuestro corazón, cooperando nosotros en libertad, con un estilo de vida que haga posible nuestra transformación en Cristo. Para esa colaboración, la Iglesia, verdadera pedagoga de la Cuaresma, nos recomienda las privaciones voluntarias que nos ayuden a refrenar nuestras pasiones desordenadas, esas que nos han metido en el pecado, que hemos de descubrir como incompatible con la bondad misericordiosa de Dios, nuestro Padre. Y también nos sitúa la Iglesia en la comunión y fraternidad con nuestros hermanos, dándonos ocasión de compartir nuestros bienes con los necesitados, siendo así imitadores de la generosidad de Dios.

 

El camino cuaresmal es tiempo para dedicarse, con mayor entrega, a la alabanza divina. Es imprescindible que la oración sea el clima de nuestra experiencia de caminantes: oración de escucha de la Palabra, tan rica y sugerente a lo largo del recorrido cuaresmal; oración con Jesús sacramentado en el silencio de nuestros templos; oración en los entresijos de la vida ordinaria o en la contemplación de la acción creadora de Dios; oración que nos ayude a profundizar los misterios divinos de la vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo, esos que se han de ir metiendo en lo más hondo de nuestra vida cristiana.

 

24 horas para el Señor
Una ocasión propicia para la intimidad de la oración serán las «24 horas para el Señor», que en este año de 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo. Nos inspiraremos en nuestra oración con el Señor en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». Además, atraídos por el corazón de Jesucristo, y en ese clima eucarístico, nos acercaremos al Sacramento de la Reconciliación. Le recomiendo encarecidamente a todas las parroquias que ofrezcan este medio de adoración y confesión sacramental. Será una oportunidad, entre otras de ofrecer lo que os recomendaba en mi anterior carta: “De la conversión a la confesión”.

 

Quiero recordaros, también, que para andar por el camino cuaresmal es necesario transitar siempre con la alegría de la fe; ella nos va situando en cada tramo del camino ante Cristo; porque “Cristo elevado en la cruz y elevado a la gloria del Padre es en realidad la fe en el sentido más objetivo del término: el gran don de la fe, el gran ofrecimiento y regalo de Dios al hombre”.

 

No nos preocupemos, no obstante, de cómo va a suceder esto Y, por tanto, de si seremos capaces de estar a la altura de ese encuentro. “Cristo, viniendo entre nosotros en la carne nos impide dar pasos presuntuosos hasta el descubrimiento de la verdad basándonos sólo en nuestros esfuerzos. En nuestro recorrido vemos a nuestros pies a una divinidad débil, que se ha hecho débil compartiendo nuestra túnica pelícea. Y cuando estamos cansados nos arrojamos sobre esta frágil vida divina, para que, al levantarse, ésta nos eleve” (cf. De las Confesiones de San Agustín).

 

Para ser recreados en Cristo
Por este camino cuaresmal con Cristo seremos recreados en una vida nueva. “Si alguno es en Cristo, es una criatura nueva” (2 Cor 5,17). El acontecimiento de la resurrección de Jesucristo es principio de renovación para los hombres y las cosas. Y este cambio de vida se manifiesta en todos los niveles de la existencia: en una vida interior de adoración y acogida de la voluntad divina; en una participación activa en la misión de la Iglesia, en la vida matrimonial y familiar; en la vida profesional; en el desempeño de las actividades económicas y sociales. En efecto, el misterio pascual afecta al hombre en su integridad.

 

Hacia una masiva participación en la Vigilia Pascual
Por eso, me permito poner todo el énfasis posible en esta recomendación: ¡QUE NO SE PARE EL CAMINO CUARESMAL A LAS PUERTAS DE LA PASCUA! Recomendaría muy encarecidamente para este año una masiva participación en la Vigilia Pascual. Solo en ella se encuentra y se participa en el corazón de la fe. A la Vigilia Pascual nos acercamos tras haber participado intensamente en la actualización del misterio de la pasión y muerte de Jesucristo. Pero, como la muerte es oscuridad, como hicieron los discípulos de Emaús, también nosotros hemos de buscar la luz que encontramos en el Cirio Pascual, que representa a Cristo Resucitado. Después las Escrituras no explican el significado y valor de todo lo sucedido en la Pasión y nos revelan que es el mismo Dios, en su amor, quien se ha manifestado en Cristo Jesús, su Hijo, y lo ha resucitado de entre los muertos. En la liturgia bautismal que viene después, ya con nosotros como protagonistas, en Cristo muerto y resucitado nos convertimos en hijos adoptivos de Dios y recordamos y renovamos el Bautismo. En la liturgia eucarísticaactualizamos el Misterio Pascual y lo experimentamos en toda su gracia en la Eucaristía. Y al final, en medio de la algazara del Aleluya, recibimos el envío a ser testigos de la alegría del Señor y de una VIDA FELIZ Y RESUCITADA.

 

Con todo mi afecto y bendición

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén